Hace algún tiempo, leí una pequeña historia o cuento oriental, el
cual he buscado, para poder nombrar a su autor, si es que se conoce, y para
poderlo transcribir de forma correcta, pero no consigo encontrarlo ni recordar
donde lo leí, así que miraré de contar la misma historia con mis propias
palabras, ya que considero que de ella se puede aprender algo muy importante.
El Poder Real
Hace mucho tiempo, en unas tierras del
lejano oriente, había un sádico conquistador, que se dedicaba a asaltar, robar
a las gentes que habitaban en las tierras que arrasaba a su paso, y no contento
sólo con eso, se regocijaba en su sufrimiento y se jactaba del miedo que le
profesaban.
Un día llegó a una pequeña aldea situada
en un valle rodeado de escarpadas montañas, en la que no quedaba nadie, pues la
noticia de que se acercaba el conquistador sádico, había llegado antes que él,
y las gentes habían partido con todo aquello que pudieron cargar, a ocultarse
en las montañas, y así poder salvar sus vidas.
El sádico conquistador, al ver que las
gentes de la zona le temían tanto, que salían huyendo sólo ante la noticia de
su llegada, se llenó de gozo, y ordenó a sus hombres que saqueasen todas las
casas, incluida una pequeña capilla que se encontraba a las faldas de la
montaña más alta.
Cual fue la sorpresa de los soldados al
entrar en la capilla y ver a un anciano monje sentado en el suelo que los
observó sin pestañear. Uno de los soldados salió corriendo a buscar a su señor
para informarlo, y al escuchar la noticia, esta hirió su orgullo y su ego, pues
alguien no habían salido huyendo todos los habitantes de la aldea.
Indignado y con su espada en la mano, se
dirigió a la capilla, y como una tempestad cruzó sus puertas lleno de ira
gritando: ¿Acaso no sabéis quien soy yo? ¿Acaso no sabéis que mato a todos
aquellos que se cruzan en mi camino, sin sentir ni la más mínima piedad por
ellos? Y mientras colocaba su espada sobre el pecho del monje, dirigida
directamente a su corazón, le dijo: ¿No me teméis? ¿Acaso no veis que sería
capaz de atravesar vuestro corazón con mi espada sin inmutarme siquiera?
El viejo monje levantó su mirada, y clavó
sus ojos en los de su enemigo, y con una voz suave como una brisa, le dijo: ¿Y
vos, acaso sabéis quien soy yo? ¿Porque debería temeros? ¿Acaso no veis que
sería capaz de dejaros que atravesarais mi corazón con vuestra espada sin
inmutarme siquiera?
FIN
Las conclusiones sobre esta historia os las dejo a vosotros, yo ya saqué las mías y de ellas mi aprendizaje.
Namaste